Secretario General llama a gobiernos a proteger a trabajadores de la prensa
Nueva York.
3/05/2010. La libertad de expresión es un derecho humano fundamental,
consagrado en el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Sin embargo, en diversas partes del mundo los gobiernos y los que ejercen el
poder encuentran maneras de obstaculizarla.
Se gravan los periódicos
con impuestos tan altos que estos resultan demasiado caros para la población.
Se retira el derecho a transmitir a las estaciones de radio y televisión
independientes que critican la política oficial. La censura interviene también
en el ciberespacio y restringe el uso de Internet y de los nuevos medios de
difusión.
Hay periodistas dispuestos
a exponerse a la intimidación y la detención, e incluso a arriesgar la vida,
simplemente para ejercer su derecho a indagar, recibir e impartir información e
ideas, por todos los medios y con prescindencia de las fronteras.
El año pasado la UNESCO
condenó el asesinato de 77 periodistas. No se trataba de corresponsales de
guerra de gran relevancia muertos en el fragor de la batalla. La mayoría de ellos
trabajaban para pequeñas publicaciones locales y en tiempo de paz. Perdieron la
vida por tratar de desvelar un proceder indebido o la corrupción.
Condeno esos asesinatos e
insisto en que los responsables sean llevados a la justicia. Todos los gobiernos
tienen el deber de proteger a los que trabajan en los medios de difusión. Esa
protección debe incluir la investigación de los delitos contra los periodistas
y el enjuiciamiento de los responsables.
La impunidad da rienda
suelta a los criminales y los asesinos, y empodera a los que tienen algo que
ocultar. A largo plazo, tiene un efecto corrosivo y corruptor en la sociedad
entera.
Este año el tema de la
celebración es Libertad de información: el derecho a saber. Celebro la
tendencia mundial hacia la promulgación de nuevas leyes que reconocen el
derecho universal a la información de dominio público.
Lamentablemente, esas
nuevas leyes no siempre se expresan en la acción. A menudo las solicitudes de
información oficial se rechazan o retrasan, a veces durante años. Puede ser que
esto se deba a mala gestión de la información, pero con demasiada frecuencia
ocurre porque existe una cultura de secreto, en que no se rinde cuenta de los
actos.
Debemos empeñarnos en
modificar las actitudes y crear conciencia. La gente tiene derecho a la
información que afecta a su vida y los Estados tienen el deber de
proporcionarla. Esa transparencia es indispensable para el buen gobierno.
Las Naciones Unidas se
solidarizan con los periodistas y los profesionales de los medios de difusión
que sufren persecución dondequiera que sea. Hoy, como todos los días, exhorto a
los gobiernos, a la sociedad civil y a los pueblos del mundo a reconocer la
importante labor de los medios de difusión y a defender la libertad de
información.