| Mensaje del Coordinador Residente del Sistema de Naciones Unidas en Venezuela en el Día del Ambiente |
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Caracas, 5/06/2010. Desde hace casi 40 años, las
naciones celebran unidas cada cinco de junio la gracia de la naturaleza. La reducción
del impacto de las alteraciones humanas a los ecosistemas, la educación sobre
el ambiente, los derechos de la Tierra. Todos son temas que año a año han dado
nombre a la conmemoración del Día del Ambiente. Incluso son parte de los
acuerdos recién alcanzados en abril en Cochabamba, Bolivia, en el marco de la
Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático. Este año nos
unimos por la biodiversidad.
A pesar de las formalidades y las teorías, este tema,
los pasados y los que vienen, sólo quedarán en el papel hasta que todos, como
sociedad, entendamos que respetar al ambiente es pensar en un futuro en el que
prevalezcan los derechos. Hoy más que nunca debemos preguntarnos cómo podemos devolverle
vida a la naturaleza y cómo podemos rescatar aquellos espacios que el hombre ha
intervenido negativamente. Se trata de tener conciencia.
Venezuela tiene el privilegio de ser uno de los 17
países megadiversos en el mundo: está en el cuarto lugar con respecto a la diversidad anfibia; sexto en aves; octavo
en mamíferos y plantas vasculares, y noveno en reptiles. Aún
así, tiene trabajo por delante.
Para 2007, el área boscosa del país era de 54,1%. Venezuela
es poseedora de un territorio, rico en flora y fauna, pero también con una
responsabilidad en hombros: la de mantener y generar más espacios para la biodiversidad
y el equilibrio ecológico.
Llegar a la meta de 2015, de 59% de territorio vegetal,
sólo será posible si la sociedad en pleno asume su rol en los cinco años que
restan. La Organización de Naciones Unidas está en el país con el objetivo de
apoyar cualquier iniciativa de desarrollo sustentable, que consolide procesos y
estrategias en pro de la naturaleza.
El PNUD, por su parte, también trabaja en la materia y
en este momento adelanta iniciativas dentro y fuera de las áreas protegidas,
como por ejemplo: el fortalecimiento de la sustentabilidad financiera del
sistema de áreas protegidas con el apoyo de INPARQUES, así como del sistema de
áreas protegidas marino – costeras; la conservación del paisaje productivo de
los andes venezolanos y la propuesta de un fondo nacional de sustentabilidad
ambiental. Sin embargo, todavía hay más por hacer.
Es necesario un llamado a la conciencia. Aunque el
camino está labrado, aunque las
áreas protegidas en Venezuela comprenden una gama de condiciones ecológicas,
productivas y sociales, las amenazas que las afectan son similarmente
diversas.
Debemos respetar la naturaleza y poner cada cosa en su
lugar.
Con apagar una luz, cerrar la llave de agua cuando no
se utiliza, reciclar el papel, desconectar los equipos electrónicos y evitar
echar el aceite por las tuberías, estamos contribuyendo con la naturaleza, con
el país.
La realidad es que para seguir viviendo en la Tierra
hace falta desarrollar una conciencia ecológica. Se trata de modificar nuestros
patrones de conducta, producción y consumo, y de ser agentes multiplicadores de
la idea de un ambiente verde y de una cultura de derechos, de todos y para
todos. Se trata de darnos cuenta de que cualquier daño que hagamos a la
naturaleza, nos lo estamos haciendo a nosotros mismos y lo pagaremos en el
futuro.
Es momento de que los pueblos se movilicen sobre temas
tan fundamentales. Vivir en un mundo limpio y sano, en el que se respete el
ambiente, es parte del legado en derechos humanos que dejaremos a las
generaciones futuras. Sólo la suma de todos nuestros esfuerzos hará la
diferencia.
Alfredo
Missair, Coordinador Residente de Naciones Unidas en Venezuela y representante
del PNUD |